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El menestral había comenzado a preparar el escenario cuando ya todos le esperaban ansiosamente; había pasado los últimos años arreglando su trabajo, dándole más forma, algo más de “personalidad”...
Era entonces tan diferente, había estado por tanto tiempo ensimismado en su misteriosa “creación” que hasta sus ojos habían cambiado; parecía él mismo, pero algo había cambiado… ¡Sí, había algo diferente!
Años atrás era recordado de la peor manera, cualquier cosa habría podido ser más ínclita que su incuria mente, que su indeliberada índole, que su inexorable infamia, que su insostenible vida; años atrás lo único que podía infligir su mirada era ese infrangible anhelo, ese deseo de insidiar.
Y nos instó a aplaudirle… y como bajo el efecto de algún soporífero le hicimos caso, escuchamos sus palabras sin entenderlas, nos mezclamos con sus sentimientos, nos mantuvimos dóciles bajo su mando, como fervientes párvulos, como incas “enredados” en sus obsidianas.
Y era obvió como lo había conseguido: nos había dado dulces, chocolates, trago… comida, cigarros finos… una opima estadía, un placentero lugar donde “orientar” nuestros sentidos.
Y recuerdo cada una de aquellas caras al ver aquella obra; recuerdo sus expectativas estúpidas, sus comparaciones inescrupulosas, sus tontas opiniones sobre los anteriores trabajos, realizados por el menestral más miserable de esta celestial orbe...
“La obra…- Dijo el menestral - Es un oprobio, es la orfandad de mi orgánica existencia, es un eufemismo oriundo del ser más orondo y más estúpido… De un ser que no entiende el fin de que el poder lo haya emanado; de un ser a quien el tan preciado Grialte siempre se le será negado…y que ironía, nombrar la palabra preciado... Y qué ironía que se le haya negado su propia infortunada esencia.
Y Diantre diseminado en mi... todo… ¡Escucha! Soy el dispositivo de esta tu tan perenne obra, del Averno, del Báratro, del Tártaro, del Erebo, del Orco…de como llames tu imprecado lar… Y mírame, obsérvame, estoy a punto de mostrarlo, estoy a punto de horadar tu honra”
Y así dio la vuelta, mojándose el cabello y mascullando estupideces... Luego regresó para dejarnos a todos perplejos: Estaba tan radiante como ninguno, bello, taumaturgo de la belleza sostenido en precisa gracia sobre el consecuente iridiscente suelo … Con su largo cabello negro y una sonrisa totalmente “enturbecedora”, rápida e histriónicamente removió la gran sábana que resguardaba su obra.
Y allí permanecimos todos observando aquello por unos segundos que parecieron prolongarse toda una vida: Era un humano perfecto, a quien me cuesta mucho trabajo reseñar... Tan sólo puedo decir que era un ser acuoso o tal vez gaseoso y tan vivo como cualquiera de nosotros; con grandes ojos violetas, increíble y extrañamente traslúcidos; alto, hermoso; con largo, ondulado, abundante y aplacado cabello plateado... Un ser impresionante, precioso… Un ser con conciencia propia y fuerte como el extático mar; vestido con un manto gris transparente que parecía tal vez ser el mismo líquido o la misma hermosa materia gaseosa; sin genital alguno, sin sexo, pero con todos los atributos para ser la libido misma; un ser medio… Un ser definitivamente perfecto ante los ojos de CUALQUIER mortal o inmortal ser. Nos tosigó con sus formas, nos hizo sentir totalmente protervos, tener en frente el ser más penetrante que hubiésemos visto jamás… Y aún más atónitos permanecimos cuando rápidamente entendimos que el hombre que le había dado “vida” a este perfecto ser había sido aquel maldito menestral.
Y entonces el concluyó:
“Les presento a Grialte: no tiene mirada alguna, nunca habla, nunca toca, nunca se mueve, nunca responde; nunca, nunca, JAMÁS, sonríe ni llora; no siente emoción alguna, pero paradójicamente parece que nos manipulara con todo lo anterior. Es la más inmortal creación ¡Y “éste” es más grande que tú, Diantre imbécil, Diantre maldito, así tú le hayas creado, así tú le hayas otorgado este poder! ¡Más grande que todo, más grande que todos los dioses en los que creáis! ¡Él, ella, lo que sea que sea, “esto” es mi obra ahora… y la vuestra ahora que también la observáis! ¡Y yo, yo solamente puedo decir que soy una ínfima parte del polvo corrosivo que envuelve esta maldita orbe de Grialtes malditos, de puros Diantres de verdad.”
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Años después, maldecido por casi todos los dioses, aquel menestral encontró el camino del espejo huyendo del Reino Magbeliano... Grialte sólo le observaba atento, no necesitaba maldecirlo, él mismo se había impuesto su castigo; palabras más, palabras menos, actos, obras, no podrían conseguir jamás que Grialte dejará de ser Grialte.
El camino del espejo fue tormento para el menestral, fue la finalidad de su exilio, de su precaria maldición... Instantes antes de morir, frente al enorme espejo que entonces semejaba a un río, el menestral vio un pececito saltar... aquel pececito saltó para que lo pudiera observar una vez más.
“Azul, violeta, gris y plateado... el pez que después no fue pez; el pez que después fue agua, también azul, violeta, gris y plateada; el agua que después fue espejo: azul, violeta, gris y plateado; el espejo que después fue únicamente reflejo: una vez más hermosamente también azul, violeta, gris y plateado... El reflejo que se fue extendiendo en finas líneas a través de un viento que después no fue viento; por moléculas que después no fueron moléculas... y así, nanométricamente fue menos azul, menos violeta, menos gris y menos plateado... y retornó suavemente a Grialte”
Instantes que no se pueden medir con ninguna medida pasaron, instantes de suspensión magnífica en donde la conciencia gritaba agua, gritaba aire, gritaba reflejo, gritaba moléculas, gritaba un algo que decía “por un instante como éste, podría llorar toda la vida”.
Y después no fue nada... y después lo fue todo
Fue Grialte y Magba...
E instantes después dejo de tener conciencia
“No tenía poder para permanecer conciente en el Reino Magbeliano”
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Grialte no es más que Grialte...
Es lo que desees que sea
Es sólo una palabra que puede significar lo que elijas...
Grialte, dios y diosa
Grialte por quien he vivido hasta ahora
...
“¡Quiero ser azul, violeta, gris y plateado...
Sin importar cuánto tiempo pueda ser conciente junto a ti!”
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